El Estadio Anxo Carro vivió una noche inolvidable con la semifinal entre el Real Betis Balompié y el RC Celta de Vigo, un duelo que comenzó cuesta arriba para los verdiblancos y terminó convertido en una de las remontadas más épicas de la historia reciente del torneo
Real Betis AND
vs RC Celta de Vigo GAL
(3-2)
El Betis, que ya había levantado un marcador adverso en semifinales ante el Real Madrid, volvió a tirar de carácter, fe y talento para sellar su billete a la final de la Copa del Rey Juvenil 26 años después de la generación de Joaquín, Doblas o Arzu.El encuentro arrancó con un Celta muy incisivo y un Betis irreconocible, superado en intensidad y precisión. En el minuto 14 llegó el primer golpe.

Un centro lateral mal defendido acabó en un despeje defectuoso que rebotó en el cuerpo de Curro Macías y terminó dentro de la portería bética, un infortunio que dejó tocado al central y al equipo. Apenas tres minutos después, otro error defensivo volvió a penalizar a los andaluces, una mala entrega de Curro permitió a Kibet presionar, robar y plantarse solo ante Manu González, provocando el derribo del guardamenta y firmando el 0-2 que silenció a la grada.
El Betis estaba noqueado, sin claridad y con dudas en cada pase, mientras el Celta imponía su ritmo y aprovechaba cada pérdida. Pero cuando peor estaban las cosas, apareció la figura de José Antonio Morante para cambiar el guion. En el 45+2’, el zurdo recibió en la frontal, amagó hacia dentro, salió hacia fuera y cruzó un disparo raso al palo derecho que devolvió la vida a los suyos. Ese gol, justo antes del descanso, fue un punto de inflexión emocional y futbolístico.

Tras el paso por vestuarios, el Betis salió transformado. La presión era más alta, las combinaciones más rápidas y el equipo transmitía una energía completamente distinta. En el 58’, Óscar Masqué rozó el empate con un disparo al palo que hizo temblar al Anxo Carro. El Celta, obligado a replegarse, empezó a sufrir ante un Betis que ya jugaba con la convicción de que la remontada era posible.
El empate llegó en el minuto 71 tras una jugada colectiva de enorme calidad, cinco toques entre cuatro jugadores que desarbolaron la defensa celeste y dejaron a Rubén De Sá solo para empujar el balón a puerta vacía. El 2-2 desató la locura en la grada y confirmó que el Betis había tomado definitivamente el control del partido.

En medio del vendaval ofensivo bético, emergió la figura de Manu González, protagonista absoluto del encuentro. El guardameta internacional sub-19 sostuvo al equipo con dos intervenciones decisivas en momentos críticos, evitando que el Celta recuperara la ventaja. Sus paradas, llenas de reflejos y sangre fría, fueron tan determinantes como los goles. “Para eso estamos los porteros”, decía después del partido, consciente de que su actuación había sido clave para mantener vivo al Betis.
El tramo final fue un ejercicio de fe y empuje verdiblanco. Cuando el partido parecía encaminarse a la prórroga, apareció Enzo Fierro para escribir su nombre en la historia. En el minuto 89, el delantero recibió dentro del área, controló con la izquierda rodeado de tres rivales y definió con el exterior de la derecha para firmar el 3-2 definitivo. Un golazo que levantó al estadio y culminó una remontada heroica.

El Celta, pese al golpe, tuvo una última oportunidad en el añadido tras una falta que además dejó lesionado a un jugador bético. El lanzamiento se marchó rozando el lateral de la red, poniendo fin a un partido vibrante en el que los celestes compitieron con valentía, pero terminaron sucumbiendo ante la determinación andaluza.
El pitido final desató la euforia en el banquillo y en la grada verdiblanca. El Betis jugará la séptima final de su historia en la categoría, la primera desde 1999, y lo hará con la sensación de estar viviendo un año mágico. El equipo de Javi Barrero, que ya conquistó la Copa de Campeones la temporada pasada, sueña ahora con completar un doblete histórico.
Los béticos esperan ahora rival del duelo entre FC Barcelona y Deportivo de La Coruña, que se disputa hoy. Sea quien sea el oponente, el Betis llegará a la final con la moral por las nubes, la confianza intacta y la certeza de que, cuando este equipo cree, es capaz de cualquier cosa.