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Los niños costaleros recuerdan por qué el deporte también empieza en la calle
La tradición, infancia y movimiento son los pilares de la salud
Por Clara Roldán
Publicado en 03/04/2026 18:00
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¤ Semana Santa | 2026 ¤

La imagen se repite cada año, pero nunca pierde fuerza: decenas de niños y niñas, convertidos en pequeños costaleros, cofrades y manolas. Una de estas tradiciones reune a los chicos en a plaza de San Roque para protagonizar la entrañable procesión infantil del Colegio Escolapias Calasanz. Una tradición que ya suma catorce ediciones y que reúne a familias enteras, móviles en alto, para inmortalizar un momento que mezcla cultura, emoción y, sobre todo, movimiento. Porque detrás de esta estampa tan nuestra hay algo más profundo: la importancia de que los niños salgan a la calle, caminen, jueguen y vivan el deporte desde la base.

Una manera fiferente de hacer deporte  Semana Santa 2026

La procesión infantil no es solo un acto simbólico. Es una actividad física completa: cargar pequeños pasos, coordinarse en grupo, caminar al ritmo del tambor, mantener el equilibrio y la postura… Todo ello convierte esta tradición en una forma de ejercicio que fortalece cuerpo y mente. En tiempos en los que las pantallas compiten por la atención de los más pequeños, ver a tantos niños activos, participando y disfrutando al aire libre es un recordatorio de lo esencial: el movimiento es salud, identidad y comunidad.

El deporte, en cualquiera de sus formas, enseña valores que acompañan toda la vida: esfuerzo, disciplina, compañerismo, respeto y superación. Y estas procesiones infantiles, que recorren las calles del barrio con la ilusión de los más pequeños, funcionan como una primera escuela de esos valores. Los niños aprenden a caminar juntos, a esperar su turno, a coordinarse, a cuidar del paso que llevan. Es deporte sin llamarse deporte, pero con el mismo impacto emocional y educativo.

Además, estas actividades refuerzan el vínculo entre generaciones. Padres, madres y abuelos no quieren perderse el momento, orgullosos de ver a los suyos participar en una tradición que ellos mismos vivieron o contemplaron años atrás. Esa conexión intergeneracional es también una forma de bienestar: salir juntos, compartir la calle, celebrar la cultura y moverse en comunidad. En un país donde las tradiciones forman parte del tejido social, estas procesiones son una oportunidad para unir actividad física y raíces culturales.

Por eso, más allá de la emoción de la Semana Santa, la procesión infantil de Escolapias Calasanz es un recordatorio de algo fundamental: los niños necesitan la calle. Necesitan correr, caminar, cargar, jugar, sentir el aire, convivir y descubrir el mundo en movimiento. Y cada edición demuestra que, cuando se les da la oportunidad, responden con entusiasmo, energía y una sonrisa que lo dice todo.

Fotografía: @El español Aragon

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