Las Olimpiadas de la Cañada Real se han convertido en un símbolo de transformación social a través del deporte. Lo que comenzó como un reto casi imposible, lograr que niños y niñas que no podían ni colocarse en fila participaran en una actividad organizada, ha evolucionado en apenas once semanas en un proyecto estable de atletismo que reúne cada viernes a cerca de cincuenta menores de los sectores 5 y 6. La iniciativa, impulsada por PGR ONG y respaldada por la Real Federación Española de Atletismo, demuestra que el deporte puede abrir caminos donde antes solo había vulnerabilidad
Olimpiadas de la Cañada Real iniciativa de PGR ONG y la RFEA

Las Olimpiadas de la Cañada Real nacieron del trabajo continuado de PGR ONG, una organización con más de ocho años de experiencia en contextos de exclusión, que decidió intervenir en España para garantizar el acceso al deporte en una de las zonas más castigadas de Europa. “El acceso al deporte es un derecho y en la Cañada Real no tenían ese derecho”, recordó su presidenta, Patricia García, durante la presentación del proyecto. La llegada de la RFEA a la iniciativa Deporte y Valores: Cañada Real reforzó el impulso necesario para consolidar la actividad.
El programa se ha construido “sesión a sesión”, con entrenamientos cada viernes que ya suman once semanas consecutivas. La exatleta olímpica Patricia Sarrapio y su hermana Cristina, entrenadoras del grupo, reconocen que el inicio fue incierto: “No sabíamos si iba a funcionar, pero había que intentarlo”. La clave, aseguran, ha estado en la motivación de los menores, que han convertido la actividad en un punto de encuentro semanal.

El enfoque pedagógico ha sido determinante. Las entrenadoras explican que no mencionan la palabra “atletismo” para evitar presión y fomentar el juego como herramienta de aprendizaje: “Les enseñamos a correr, saltar o lanzar, pero a través del juego”. Este método ha permitido que la participación creciera de una veintena de niños a cerca de cincuenta, generando un “efecto llamada” en la comunidad
La confianza del entorno fue el mayor desafío. “Lo más difícil fue entrar y que nos conocieran”, admitió Pilar Pallero, coordinadora de proyectos de PGR ONG. Hoy, la escena es completamente distinta: los niños esperan a sus entrenadoras, ayudan a descargar el material y preguntan cuándo será la próxima sesión. “Se sorprenden de que estemos aquí de forma constante”, explica Patricia Sarrapio.

Tras cada entrenamiento llega el llamado “tercer tiempo”, un espacio donde se reparte fruta, zumo y comida para compartir y cerrar la jornada como un equipo. El proyecto cuenta con el apoyo de entidades como Fundación Sportium, Riesgo y Gestión y JOMA, que equipará a un grupo de jóvenes que participará en mayo en el DNA + Track’atlón de Gallur, organizado por la RFEA.
Las Olimpiadas de la Cañada Real no buscan formar campeones, sino ofrecer oportunidades. “No hemos hecho magia, solo les hemos dado la oportunidad”, resumen las hermanas Sarrapio. En un entorno marcado por la vulnerabilidad, el deporte se ha convertido en una herramienta de cohesión, autoestima y futuro para decenas de niños que en estos días han podido aprender las reglas básicas del rugby.
Fotografía: @PGRONG y RFEF.