Aldrine Kibet volvió a encender A Madroa con otra actuación decisiva en una Copa del Rey Juvenil que ya lleva su firma. El talentoso número 15 del Celta de Vigo no solo lideró la reacción celeste con un gol de categoría, sino que también regaló una asistencia magistral en el segundo tanto, confirmándose como el faro creativo de un equipo que sueña con hacer historia
Real Club Celta de Vigo Gal
vs Athletic de Bilbao Vas
(2-1)
@canteiraCeleste quiso más y acabó con otro líder #CopadelRey #NuevosKiller
Una densa niebla, acompañada de lluvia persistente y rachas de viento caprichosas, condicionó desde el inicio el ritmo del encuentro entre RC Celta de Vigo y Athletic Club. El balón viajaba pesado, las conducciones se volvían inciertas y cada envío largo era una moneda al aire. En ese escenario tan incómodo, ambos equipos intentaron asentarse, aunque el partido nació con más lucha que precisión.

El Athletic fue el primero en adaptarse mejor al caos atmosférico. Los leones, más directos y verticales, aprovecharon cada balón dividido para ganar metros y encerrar por momentos al Celta. La presión alta de los rojiblancos provocó dudas en la salida celeste, obligando a los locales a jugar más cerca de su área de lo que hubieran deseado. El partido se movía entre interrupciones, resbalones y disputas, pero el Athletic parecía encontrar cierta comodidad en ese fútbol de fricción.
El premio para los bilbaínos llegó en el minuto 25, en una acción nacida precisamente del desorden. Tras un balón suelto en el área, producto de un rechace que quedó muerto, apareció el número 10, Danel Narvarte, más rápido y más decidido que nadie. Su remate, seco y oportunista, superó al guardameta celeste y puso el 0–1 en el marcador. Un gol de delantero listo, de esos que se fabrican más con instinto que con elaboración.
Lejos de venirse abajo, el Celta reaccionó con carácter. Espoleados por su gente y por la necesidad de rebelarse contra el guion, los celestes adelantaron líneas, comenzaron a combinar con más criterio y encontraron por fin espacios entre la presión rojiblanca. El equipo ganó metros, ganó ritmo y, sobre todo, ganó confianza. Cada recuperación era un impulso y cada ataque, una declaración de que el partido no estaba ni mucho menos decidido.

En el minuto 35 llegó el empate, en una jugada que nació de la insistencia y terminó con un gesto técnico de enorme calidad. El número 15, Aldrine Kibet, recibió en el costado, encaró con decisión y soltó un disparo cruzado impecable hacia la esquina izquierda de la portería bilbaína. El balón, húmedo y veloz, se coló lejos del alcance del guardameta y desató la celebración en la grada. Con ese 1–1, el descanso llegó dejando la sensación de que, pese al clima adverso, el partido estaba encendido y prometía una segunda mitad vibrante.
La reanudación trajo un Celta más ambicioso, decidido a aprovechar el impulso con el que había cerrado la primera parte. El Athletic, fiel a su identidad, no aflojó en intensidad, pero los celestes comenzaron a encontrar líneas de pase más limpias y a mover el balón con una confianza creciente. El viento seguía jugando su propio partido, desviando centros y frenando conducciones, pero el conjunto vigués parecía haber aprendido a convivir con el caos meteorológico.
El dominio local se tradujo en llegadas cada vez más peligrosas, y el gol terminó cayendo por pura insistencia. En el minuto 68, Aldrine Kibet volvió a ser protagonista, esta vez como asistente. El número 15 del Celta, que ya había dejado su sello en el empate, sacó un centro con el exterior que burló al viento y cayó justo donde debía. El balón viajó con una precisión casi imposible dadas las condiciones, y allí apareció Ángel Dávila para empujarlo a placer. Un remate sencillo en apariencia, pero que valía oro, el 2-1 y la remontada consumada.
El tanto desató la euforia en la grada, pero también despertó al Athletic, que jamás da un partido por perdido. Los leones, heridos en su orgullo competitivo, adelantaron líneas y comenzaron a encerrar al Celta en su propio campo. Cada balón dividido era una batalla, cada despeje un alivio momentáneo. El público gallego, consciente de la entidad del rival, un equipo de octavos de Youth League, empezó a vivir los minutos con un nudo en el estómago.
El Athletic empujó con todo lo que tenía. Centros laterales, segundas jugadas, disparos desde la frontal… cualquier vía era válida para buscar el empate. El Celta, por su parte, se aferró al orden defensivo y al sacrificio colectivo. Los locales defendían cada balón como si fuera el último, mientras el cronómetro avanzaba con una lentitud desesperante para los aficionados celestes.
Restaban doce minutos que se hicieron eternos. La niebla volvía a caer, el viento soplaba sin piedad y el partido se jugaba ya más con el corazón que con las piernas. Pero el Celta resistió. Resistió al empuje rojiblanco, resistió al clima y resistió a la presión de un rival acostumbrado a escenarios de máxima exigencia. Cuando el árbitro señaló el final, A Madroa estalló en un grito de alivio y orgullo. La remontada estaba sellada y el conjunto vigués se ganaba, con sufrimiento y carácter, un lugar en la historia de esta eliminatoria.
Contra todo pronóstico, los últimos doce minutos no fueron el suplicio que muchos temían en la grada. Lejos de replegarse y sufrir, el Celta de Vigo mantuvo la personalidad que había mostrado durante toda la eliminatoria. El equipo no se encogió, no se metió atrás y, con una madurez impropia de su edad, siguió disputando cada balón como si el marcador aún estuviera en el aire. Esa valentía desactivó buena parte del empuje final del Athletic, que se encontró con un rival firme, concentrado y decidido a no dejar escapar una victoria que había costado tanto construir.
El tramo final del encuentro confirmó lo que ha sido el paso del Celta por esta Copa, impecable. Los vigueses han firmado un torneo sobresaliente, eliminando a rivales de enorme entidad como Villarreal, Atlético de Madrid y, ahora, a un Athletic que llegaba con el cartel de equipo de octavos de Youth League. Cada ronda ha sido un examen distinto, con escenarios y dificultades variadas, pero el conjunto celeste ha respondido siempre con carácter, fútbol y una fe inquebrantable.
La clasificación para la Final Four los enfrentará al Real Betis, otro gigante de la categoría, en un duelo que promete emociones fuertes. Dos canteras históricas, dos estilos reconocibles y dos equipos que han demostrado estar preparados para competir al máximo nivel juvenil. Será un choque de quilates, de esos que definen generaciones y dejan huella en los clubes. El partido ante el Athletic quedará en la memoria no solo por la remontada, sino también por las condiciones extremas que lo rodearon. Agua, viento, niebla… un cóctel que habría desfigurado a cualquier equipo menos a uno que ha hecho de la resiliencia su bandera. El Celta supo adaptarse, sufrir cuando tocaba y golpear en los momentos clave, demostrando que también sabe ganar en escenarios adversos.
Cuando el árbitro señaló el final, A Madroa celebró algo más que un pase a semifinales. Celebró la convicción de un grupo que está decidido a escribir su propia historia. El sueño de levantar la primera Copa del Rey Juvenil de la entidad sigue vivo, más fuerte que nunca, sostenido por un equipo que ha demostrado que no teme a nadie y que está preparado para pelear por todo.
Fotografías. @Ca¡nteriaceleste